La realidad y la teoría son las fuentes de donde emergen los temas
de investigación. En la realidad suceden cosas que estimulan la curiosidad
humana y que plantean dificultades y retos que las personas tratan de explicar
o modificar. En los cuerpos teóricos hay elementos que parecen incompletos,
contradictorios con otros, francamente equivocados, etc. Con estas situaciones
se topan tanto los especialistas como los generalistas y la población general hasta
que alguien los convierte en objetos de investigación.
Si arbitraria y pedagógicamente separamos la realidad de la
teoría y entre las dos colocamos el proceso de la investigación científica,
resultaría evidente que los insumos para el proceso científico vienen de ambas
fuentes, por separado o al mismo tiempo[i].
En la realidad existen situaciones, procesos, elementos, etc., que
llaman la atención porque sus resultados no son satisfactorios o generan
inquietud, son “problemas” o “preguntas” que no parecen tener una respuesta
satisfactoria. En algunas ocasiones, estos problemas son enfrentados o
abordados con procedimientos intuitivos que producen modificaciones y que no
requieren otra explicación. En no
pocos casos, la explicación o la modificación siguen una serie de
procedimientos lógicos que construyen un argumento explicativo o la
justificación de una intervención, que al ser aplicados consiguen resultados y
aparentemente no hace falta observar o experimentar empíricamente para
confirmar los juicios lógicos, pues la argumentación deja satisfechos a quienes
identificaron la situación problemática. Pero en muchos casos, todos los esfuerzos por
modificar esta realidad o para explicarla parecen ser insuficientes.
En la teoría existen fracciones de conocimientos que en algún
momento parecen incompletos, que entran en contradicción con otras fracciones
de conocimiento (nuevo o anterior). Otros en un momento determinado se
evidencian como claramente erróneos a la luz de nuevo o anterior conocimiento
revisado. Esto conduce a una búsqueda de los interesados por encontrar
articulaciones que permitan superar la contradicción, reorganizar los cuerpos
de teoría para que la explicación o la intervención sobre los sucesos de la
cotidianidad logren mayor profundidad o extensión.
En otros casos, la presión de la realidad disfuncional o de la
insuficiencia teórica obliga a buscar otra forma de contrastación que provea
nuevos elementos de juicio, fortalezca los que ya están disponibles, descifre
condiciones previamente no identificadas o mal identificadas, etc., etc[ii]. Para esto
es necesario un proceso metodológico. Ya no se puede continuar con lo
disponible, pero tampoco es factible proceder sin rigurosidad. Es entonces que
surgen los temas de investigación. Surgen en la mente de los iniciados, en el
dolor de los afectados por la situación problemática, en la necesidad de
acumulación (de capital, mercancías, conocimientos, etc.), en la natural
avaricia humana, como proceso de mejoramiento de la competencia profesional,
como aporte altruista a los demás, en fin, de mil maneras.
Pero si estos temas motivo de amplia o escasa discusión no se
convierten en un cuestionamiento rigurosamente estructurado de la realidad, de
la teoría, desde la realidad, desde la teoría o una combinación de varias de
estas semillas, no habrá ese proceso de la naturaleza humana que resuelve lo no
resuelto de forma sistemática y que denominamos investigación.
La transformación de lo que propone la realidad o la teoría al
investigador en un “problema de investigación” es el eslabón perdido que da inicio
a la investigación como acto del trabajo humano. Sucede de infinidad de formas.
En un peligroso esfuerzo por hacer una síntesis, se puede decir que sucede:
-
Cuando se aclara la pregunta y se la formula en forma técnica;
identificando con claridad los límites del proceso de la realidad en el que se
ubica la situación problemática. Procurando esclarecer: qué, cómo, cuando y donde,
como los elementos de descripción de la situación problemática que requiere
respuesta.
-
Identificando si se trata de buscar una explicación causal, probar
una intervención, calcular una frecuencia o magnitud, etc.
-
A consecuencia de una reflexión sobre la naturaleza del ejercicio
de identificación de las unidades de observación potenciales, en el que se
establezca si el problema se presenta más en un grupo que en otro, si los
afectados tienen un perfil específico, si es importante saber la frecuencia con
que aparece el fenómeno.
-
Cuando se evita formular el problema en forma negativa, de tal
manera que la solución sea simplemente el cambiar la formulación negativa por
su versión positiva
Los eventos de la realidad o de la teoría que llaman la atención,
difícilmente son manejables dentro de un proceso de trabajo humano como la
investigación científica. Para poder entrar en este proceso con alguna
probabilidad de éxito deben ser delimitados. Para lograr esta delimitación (que
no es otra cosa que identificar las características relevantes para el trabajo
investigativo y no necesariamente para “el futuro de la humanidad”) deben ser
convertidos en una pregunta concreta. Tomando algunos de los acápites
mencionados arriba, es posible construir lingüísticamente hablando, un problema
de investigación o una pregunta de investigación que resuma el conflicto
principal que se trata de abordar con rigurosidad metodológica. Entonces, la
situación problemática, venga de la realidad, venga de la teoría o venga de una
retroalimentación entre estas dos, se convierte en una construcción sintáctica
con escasas posibilidades de ser mal interpretada por quien la lee.
Este es el talón de Aquiles del trabajo investigativo con fines
académicos. Resulta una tarea titánica hacer esta redacción de un par de
líneas. En algunos casos los investigadores en ciernes hacen planteamientos tan
sofisticados que es simple y llanamente imposible que con los recursos que
disponen puedan cumplirlos. En otros casos, lo que en realidad quieren es
comparar dos grupos de individuos con y sin el fenómeno en estudio, pero lo
plantean como la búsqueda de la magnitud de un problema en un grupo
poblacional. Otros, proponen descripción de perfiles de variables en grupos
afectados por algún fenómeno, con o sin comparación con grupos no afectados,
pero se enredan en una redacción que quiere plantear un problema resuelto y no
uno por resolver. Entre miles de otras formas de plantear sin éxito las preguntas de una
investigación.
No conozco lo que sucede en los casos de las propuestas de
investigación para los fondos concursables, dudo que sea muy diferente.
[i]
Este recurso didáctico lo aprendí del Profesor Edmundo Granda en las clases del
IV Curso de Especialidad en Investigación y Administración de Salud Pública de
la Universidad Central del Ecuador entre los años 1985 y 1987. Lo que expongo
es la versión que he repetido en mis clases desde entonces, el esquema original ya no lo tengo.
[ii]
En otro escrito se abordarán propuestas alternativas que contradicen
sustancialmente esta argumentación según la cual los resultados de las
investigaciones cuestionan o sustentan lo ya conocido (falsabilidad).
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