sábado, 13 de julio de 2013

Cuántas son las clases de investigaciones y de qué manera se participa en ellas




En el mundo no desarrollado, las posibilidades de realizar investigación científica son escasas. Desde una posición determinista, el argumento es que la brecha es tan grande, que es difícil que se logre consolidar todo el andamiaje necesario para sostener el proceso de investigación científica en nuestras sociedades, lo que no significa que no deba intentarse con vehemencia.


Todos los sectores de las economías desarrolladas requieren de investigación. Una parte de la investigación se convertirá en productos que serán factibles de comercializar y por tanto se convertirán en mercancías que entrarán en la cadena de acumulación de capitales. Otra parte producirá conocimientos que se podrán incorporar en procesos productivos para mejorarlos, o que servirán de base para continuar el proceso de acumulación de conocimientos, algunos servirán únicamente para explicar fenómenos naturales o sociales, etc. La lista sería interminable.


Una condición a la que conduce este estado de cosas es aquella en la que tanto iniciados como no iniciados creen que tienen la mejor explicación para la falta de investigación en el tercer mundo y que además tienen una receta según la cual cambiando esto y/o aquello, ya está, de pronto un montón de gente puede dedicarse a investigar. Tenemos también a aquellos que sin haber publicado en su vida ni un anuncio clasificado, consideran que los que se dedican a la investigación simplemente no comprenden las necesidades de la población y por tanto estudian tonterías. En este grupo hay algunos avezados que, en su ignorancia (creen que saben), consideran que existe investigación útil e investigación inútil.


Algunos prescriben empezar por lo más fácil, en las ciencias de la salud aplicadas a los cuidados de las personas (sanas o enfermas) sería los “reportes de casos”, entendiéndose que lo que proponen es tomar un caso real y a propósito del mismo relatar su manejo y hacer una revisión bibliográfica (sin una clara especificación de calidad), puesto que esto se publica con cierta facilidad en algunas revistas o medios electrónicos. La ventaja hipotética es que de esta forma van a conseguir entrenamiento, motivación, experiencia, etc. Además mejorarán su hoja de vida para cuando les toque someter propuestas para los fondos concursables.


Muchos se rasgan las vestiduras cuando revisan las cifras sobre el número de publicaciones mundiales y regionales de “producción científica” y se preguntan ¿hasta cuándo?


No pocos cantaletean que la calentura está en las sábanas. Que no hay “vocación” investigativa, que no hay suficiente capacitación, que hay que hacer más cursos de investigación, que las tesis de grado (financiadas por el bolsillo de los estudiantes) no abordan la gran problemática nacional, etc.     


Otros ponen como ejemplo el hecho de que jóvenes profesionales del tercer mundo, cuando van a estudiar y/o trabajar en el primer mundo, logran hacer investigación, lo cual demostraría que sí se puede.


SOBRE LA CAUSALIDAD EN LA INVESTIGACION EN SALUD

CAUSALIDAD EN CIENCIAS DE LA SALUD (I)


La determinación de la relación causa/efecto es importante para el avance de la ciencia. Es el criterio de cientificidad en la época histórica que la filosofía denomina “modernidad”. El experimento es en la actualidad el estándar de oro en términos de determinación de la causalidad. 

Tomando prestado el razonamiento que hacen Cook y Campbell para graficar el concepto de experimento, se propone la siguiente reconstrucción cronológica.

En un primer acto tenemos al homo sapiens primitivo golpeando un par de piedras para obtener una chispa que contamine algún material combustible y así producir fuego.
En el segundo acto tenemos el experimento de Torricelli al llenar con mercurio un largo tubo de cristal, el mismo que al ser colocado verticalmente sobre un recipiente con mercurio deja un espacio vacío en la parte superior del tubo de cristal.
En el tercer acto, se tiene a un médico realizando un procedimiento quirúrgico mediante el sistema llamado telemedicina.
Estos son experimentos, salvando las distancias. Cada uno desarrolla y/o usa tecnología de punta según el momento en el que ocurren. Tienen muchas cosas en común, incluso un método (seguramente el hombre primitivo no sabía que tenía un método), pero la diferencia que interesa aquí resaltar es el número de variables que se logran controlar en cada caso y las condiciones de rigurosa medición de cada variable, incluyendo las potenciales fuentes de sesgo y error.
Los experimentos en medicina no son útiles exclusivamente para establecer las causas de la enfermedad, en realidad su uso mayor en la actualidad se da en el campo de la terapéutica, prevención o efectos indeseables que se pueden obtener con fármacos o procedimientos médicos, de ahí su alta valoración para la consejería médica.
En el caso de las ciencias médicas (y también de las demás ciencias de la salud), las ciencias básicas por separado fueron desarrollando su capacidad experimental a lo largo de la segunda mitad del segundo milenio, pero era todavía bastante difícil pasar de la experimentación en condiciones de laboratorio a la experimentación a nivel poblacional, fuera de un laboratorio, con pacientes. El conocimiento se generaba lentamente, en base a lo que hoy conocemos como estudios observacionales. Se atribuye, entre otros, a Sir Austin Bradford Hill, hacia 1940 la sistematización de los estudios observacionales que conducen finalmente al diseño de los Ensayos Clínicos Controlados (Randomized Control Trials) que reproducen confiablemente las condiciones experimentales de laboratorio, pero en el escenario de la población general, de los pacientes hospitalizados y ambulatorios o en condiciones de terreno.