En el mundo no desarrollado, las posibilidades de realizar investigación
científica son escasas. Desde una posición determinista, el argumento es que la
brecha es tan grande, que es difícil que se logre consolidar todo el andamiaje
necesario para sostener el proceso de investigación científica en nuestras
sociedades, lo que no significa que no deba intentarse con vehemencia.
Todos los sectores de las economías desarrolladas requieren de
investigación. Una parte de la investigación se convertirá en productos que
serán factibles de comercializar y por tanto se convertirán en mercancías que
entrarán en la cadena de acumulación de capitales. Otra parte producirá
conocimientos que se podrán incorporar en procesos productivos para mejorarlos,
o que servirán de base para continuar el proceso de acumulación de conocimientos,
algunos servirán únicamente para explicar fenómenos naturales o sociales, etc.
La lista sería interminable.
Una condición a la que conduce este estado de cosas es aquella en la que
tanto iniciados como no iniciados creen que tienen la mejor explicación para la
falta de investigación en el tercer mundo y que además tienen una receta según
la cual cambiando esto y/o aquello, ya está, de pronto un montón de gente puede
dedicarse a investigar. Tenemos también a aquellos que sin haber publicado en
su vida ni un anuncio clasificado, consideran que los que se dedican a la
investigación simplemente no comprenden las necesidades de la población y por
tanto estudian tonterías. En este grupo hay algunos avezados que, en su
ignorancia (creen que saben), consideran que existe investigación útil e
investigación inútil.
Algunos prescriben empezar por lo más fácil, en las ciencias de la salud
aplicadas a los cuidados de las personas (sanas o enfermas) sería los “reportes
de casos”, entendiéndose que lo que proponen es tomar un caso real y a
propósito del mismo relatar su manejo y hacer una revisión bibliográfica (sin
una clara especificación de calidad), puesto que esto se publica con cierta
facilidad en algunas revistas o medios electrónicos. La ventaja hipotética es
que de esta forma van a conseguir entrenamiento, motivación, experiencia, etc.
Además mejorarán su hoja de vida para cuando les toque someter propuestas para
los fondos concursables.
Muchos se rasgan las vestiduras cuando revisan las cifras sobre el número
de publicaciones mundiales y regionales de “producción científica” y se
preguntan ¿hasta cuándo?
No pocos cantaletean que la calentura está en las sábanas. Que no hay
“vocación” investigativa, que no hay suficiente capacitación, que hay que hacer
más cursos de investigación, que las tesis de grado (financiadas por el
bolsillo de los estudiantes) no abordan la gran problemática nacional, etc.
Otros ponen como ejemplo el hecho de que jóvenes profesionales del
tercer mundo, cuando van a estudiar y/o trabajar en el primer mundo, logran
hacer investigación, lo cual demostraría que sí se puede.